Estas sombras le parecen tan densas y lo oprimen de tal manera que cuando descubre que son sombras y que puede ver a través de ellas, cruzarlas y estar de nuevo al sol, se siente enormemente dichoso. Y me temo que yo me siento tan dichoso como él.

      He visto mucha miseria humana. De muy joven, viajé por Asia y vi la agonía y la miseria de tierras superpobladas y subdesarrolladas. He visto gente desentenderse y pasar por encima de hombres moribundos en las calles. He visto niños que eran poco menos que huesos y harapos. Y en medio de esta pobreza y degradación encontré lugares sagrados en donde la sabiduría era enorme, pero donde se ocultaba cuidadosamente y se daba a conocer sólo como superstición. Posteriormente, en las universidades occidentales, he visto al hombre obsesionado con la materialidad y con toda su astucia; le he visto esconder la poca sabiduría que realmente tenía en aulas siniestras, y hacerla inaccesible para el hombre común y menos privilegiado. He pasado a través de una guerra terrible y no he visto una simple palabra de decencia o humanidad que mitigara su terror y su dolor.

      No he llevado una vida enclaustrada, y desprecio al hombre sabio que no ha vivido y al erudito que no comparte.

      Ha habido muchos hombres más sabios que yo, pero pocos han recorrido tanto camino.

      He visto la vida de arriba abajo y de abajo arriba. Sé cómo se ve en ambos sentidos. Y sé que hay sabiduría y que hay esperanza.

      Ciego, con los nervios ópticos lesionados y lisiado, con lesiones físicas en la cadera y la espalda, al final de la Segunda Guerra Mundial me enfrenté a un futuro casi inexistente. Mi hoja de servicio decía: “Este oficial no tiene tendencias neuróticas o psicóticas de ninguna clase”, pero también decía: “Incapacitado físicamente de forma permanente”.

      Y así llegó un golpe más... mi familia y mis amigos me abandonaron al considerarme como un inválido, supuestamente sin remedio, y una carga probable para ellos durante el resto de mis días. Sin embargo, me abrí camino de vuelta hacia la salud y la fuerza en menos de dos años, usando sólo lo que sabía y podía determinar sobre el hombre y su relación con el universo. No tenía a nadie que me ayudara, lo que tenía que saber lo tenía que descubrir. Y es todo un truco estudiar cuando no se puede ver.

      Me acostumbré a que se me dijera que todo era imposible, que no había manera, que no había esperanza. Sin embargo, volví a ver y a caminar y construí una vida completamente nueva. Es una vida feliz, una vida activa, y espero que sea útil. Mis únicos momentos de tristeza son aquellos que llegan cuando hombres fanáticos le dicen a los demás que todo está mal y que no hay una ruta en ningún sitio, que no hay esperanza en ningún lugar, nada excepto tristeza, monotonía y desolación, y que todo esfuerzo para ayudar a los demás es falso. Yo sé que no es verdad.

      Así que, mi propia filosofía es que uno debe compartir la sabiduría que tenga; debe ayudar a los demás para que se ayuden a sí mismos y debe seguir adelante a pesar del mal tiempo, ya que siempre hay una calma delante. Uno también debe hacer caso omiso del abucheo del intelectual egoísta que exclama: “No revele el misterio. Guárdelo todo para nosotros. La gente no puede entenderlo”.

      Pero, puesto que no he visto nunca que la sabiduría haga ningún bien cuando uno se rehúsa a compartirla, y como me gusta ver felices a los demás, y como encuentro que la gran mayoría de la gente puede entender y, de hecho, entiende, seguiré escribiendo, trabajando y enseñando en la medida en que exista.

      Pues no conozco a ningún hombre que tenga monopolio alguno sobre la sabiduría de este universo. Esta pertenece a aquellos que pueden usarla para ayudarse a sí mismos y a los demás.

      Si se conocieran y se comprendieran las cosas un poco mejor, todos llevaríamos vidas más felices.

      Y hay un camino para conocerlas y hay un camino hacia la libertad.

      Lo antiguo tiene que dar paso a lo nuevo. La falsedad tiene que ser desenmascarada por la verdad. Y la verdad, aunque combatida, al final siempre prevalece.

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