Mi única defensa por haber vivido por L. Ronald Hubbard (Part2/5)

L
as únicas pruebas de si una vida se ha vivido plenamente son: ¿realizó uno lo que se propuso?; y la otra, ¿se alegraron los demás de que uno existiera?

      Con frecuencia, la gente ha querido que escribiera una autobiografía, y aunque estaría completamente dispuesto a hacerlo si tuviera tiempo, considero tal trabajo, como a mí mismo, sin importancia alguna.

      He llevado una vida llena de aventuras y posiblemente sería amena de leer, pero dudo que un trabajo así arrojara alguna luz de fondo sobre mis investigaciones y no clarificaría mis intenciones o por qué desarrollé Dianética y Cienciología.

      Mis móviles no han sido la fama. En 1949, intenté entregar Dianética, la obra completa, a la Asociación Médica Americana y a la Asociación Psiquiátrica Americana. La primera sólo dijo: “¿Por qué habría usted de hacerlo?’’ y la segunda: “Si es importante, oiremos hablar de ello’’.

      Hasta julio de 1950 intenté evitar el mencionar que había llevado a cabo la investigación personalmente, pero posteriormente reconocí la autoría del descubrimiento cuando vi que si no tuviera dueño, podría perder su forma original.

      Mis móviles no han incluido amasar una gran riqueza. Los derechos de autor del primer libro, Dianética: La ciencia moderna de la salud mental se entregaron a la Primera Fundación. Así que no se trata de riqueza.

      El poder no ha sido mi móvil. Sólo ocupé cargos administrativos en las organizaciones con el fin de insistir en el uso correcto de la obra, y una vez logrado esto, renuncié a todos los cargos de dirección y mantuve sólo un puesto honorario.

      Además, uno no puede tener más poder del que ya tiene como ser; así que el poder por razones de posición, lo considero algo inútil y una pérdida de tiempo.

      Mis móviles son tan difíciles de comprender debido a que en gran parte me excluyen de la ecuación. Y no es probable que los hombres egocéntricos entiendan eso, ya que ellos saben que no renunciarían a la fama, la riqueza o el poder, y por lo tanto creen que otro no lo haría.

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      Tratar de comprenderme a mí o a Cienciología por medio de la narración de las aventuras de mi vida es una acción más bien inconexa. Yo soy yo mismo, no mis aventuras. He atravesado el mundo estudiando al hombre con el fin de comprenderlo; y él, no mis aventuras al hacerlo, es lo importante.

      Siempre he actuado con la idea un tanto ingenua de que mi vida me pertenecía para vivirla de la mejor forma en que fuera capaz. Una vida no es siempre fácil de vivir. Cuando la vida de uno se convierte en “propiedad pública”, como parece que le ha sucedido a la mía, uno se encuentra poco dispuesto y ni siquiera inclinado a explicarlo todo. La vida se ha vivido, no se puede dar marcha atrás y ahí está. Los resultados de haber vivido son, entonces, de alguna manera, lo único que cuenta.

      Nunca consideré que valiera la pena vivir una vida creíble, ya que eso es un compromiso que le niega a uno su propia integridad.

      Además, intentar explicar las invenciones técnicas de un científico por la manera en que toca la mandolina es, por supuesto, lo que haría sólo una persona muy obtusa; sin embargo, la gente intentará hacer eso.

      El problema con mi vida es que ha estado llena de aventuras y sería, posiblemente, una lectura interesante para los amantes de las novelas de aventuras.


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