[Picture]       Después de un tercio de siglo de cuidadosa investigación y estudio, Scientology es capaz de contestar estas preguntas con verdades científicas, y puede probar sus respuestas. Esto es bastante sorprendente.

      Nos hemos alejado tanto de Tales, Heráclito, Parménides y Demócrito que casi hemos olvidado lo que trataron de descubrir. Pero si consultas sus escritos sobre el trabajo que realizaron hace más de dos mil años, verás qué fue.

      Querían que el hombre tuviera conocimiento; no fracasaron. Dieron a los griegos de la antigüedad un fundamento firme sobre el cual construir, y más de dos mil años después, podemos ofrecer la evidencia que ellos necesitaban.

      Esa evidencia, sus verdades y su gran potencial de mejoramiento para el individuo y para toda la humanidad, son un trabajo que Cienciología ya ha terminado en la actualidad.

      Hemos alcanzado la estrella que ellos contemplaron, y sabemos lo que es. Descubrirás su valor cuando seas cienciólogo, un ser que ha logrado conocerse, conocer la vida y el universo, y que es capaz de ayudar a quienes le rodean, a alcanzar las estrellas.

Las respuestas de Scientology

      El hombre se ha hecho un gran número de preguntas sobre sí mismo.

      Preguntas como: “¿Quién soy?”, “¿de dónde vengo?”, “¿qué es la muerte?”, “¿existe el más allá?”

      Cualquier niño hace estas preguntas, pero el hombre nunca ha tenido respuestas que le satisfagan por mucho tiempo.

      Las religiones tienen diversas respuestas a estas preguntas, que de hecho pertenecen al campo de la filosofía religiosa, ya que esta es la zona del conocimiento humano que ha tratado de darles respuesta.

      Las respuestas han variado a lo largo de las épocas y de las razas, y esta sola variación es el obstáculo que ha convertido la incredulidad en la fe. Las antiguas religiones desaparecen porque las personas ya no consideran que sus respuestas a las preguntas anteriores sean reales.

      La decadencia del cristianismo se caracteriza por el cinismo moderno ante un infierno donde uno se quema durante una eternidad y ante un cielo en el cual se toca el arpa por siempre.

      Las ciencias materialistas han tratado de invalidar todo esto al desechar el problema mediante respuestas igualmente imposibles, en las que el hombre sólo es carne y toda la vida brotó de una combustión espontánea y accidental en un mar de amoniaco. Estas “respuestas” son como las que se daban en la India antes del budismo, donde se decía que el mundo estaba sobre siete pilares, que estaban sobre siete pilares, que estaban sobre una tortuga, y en exasperación en respuesta a la pregunta del niño sobre qué estaba la tortuga, decía: “¡en el barro y a partir de ahí todo es barro!”.

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      Por la naturaleza de la verdad, si alguien la conoce, incluso se llegan a comprender más cosas. La enfermedad y la decadencia de Asia tienden a invalidar sus conceptos como verdaderos, y en el occidente, la guerra empezó a acabar con el dominio de las iglesias de esa época cuando los soldados vieron la frase “Gott Mit Uns” (Dios está con nosotros) grabada en las hebillas de los cinturones de sus enemigos muertos, ya que Dios no podía estar en ambos lados de tal obra diabólica. O de esa manera razonaron los soldados.

      Aun el gran mandamiento de Cristo, de “ama a tus semejantes”, parece tener menos fuerza en la actualidad, en un mundo de impuestos sobre el ingreso y de inflación, un mundo en que se asesinan poblaciones civiles en nombre de la paz.

      Así, sin condenar ni despreciar en forma alguna cualquiera de las creencias del hombre, Cienciología surgió de las cenizas de una ciencia carente de espíritu y volvió a preguntar, y contestó, las eternas preguntas. Los resultados son el testimonio de que estas respuestas tienen la fuerza de la verdad. En lugar de la enfermedad que existe en la religiosa India, los cienciólogos rara vez se enferman. En lugar de la guerra interna, como en los motines de Alejandría, los cienciólogos viven en armonía relativa y poseen habilidades para restaurar las relaciones con rapidez.


La filosofía triunfa después de 2000 años por L. Ronald Hubbard continuación...


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