Dr. Judah:
      ¿Cómo fue eso?

LRH:
      Fue un intento de ver si se podía organizar el conocimiento basándose en un principio dinámico de la existencia; si podía darnos respuestas en el campo del espíritu. Nunca pensé en mejorar a alguien, o explicar la religión.

      Me llevó a una comprensión, basándome en una evaluación, del principio dinámico de la existencia: sobrevivir o supervivencia. Intenté evaluar a lo largo de esta línea, de manera muy intensa, para ver adónde llegábamos, porque el común denominador que pude encontrar en todas las razas, tipos y actividades, fue la supervivencia. Todo el mundo parecía estar intentando sobrevivir. Y cuando ya no intentaban sobrevivir, entonces intentaban su opuesto: sucumbir. Y estos dos factores parecían ir juntos como los principios motivadores de la vida.

      Sobrevino la guerra y como yo conocía Asia me lanzaron al Servicio de Inteligencia Naval. Y durante el resto de la guerra, cuando perdimos en el distante Pacífico al principio de la guerra, a casi todos los que habían estado involucrados, los mandaron a casa y no los volvieron a enviar allí. Así que me dieron el mando de una corbeta, y terminé la guerra como oficial de combate.

      Pero ocurrieron cosas enormemente interesantes durante este período; tremendos sujetos a los que estudiar, en todo este tiempo. Tuve una tripulación que se hallaba compuesta, en un cien por ciento, de criminales. Todos eran criminales. Los acababan de sacar de Portsmouth, y los asignaron a esta corbeta. Cien hombres. Y pasé el último año de mi carrera naval en un hospital naval. No muy enfermo, pero tenía algunos agujeros que no curaban. Así que me hicieron quedar ahí.

      Dondequiera que mirara, parecía encontrar hombres que estaban en dificultades, hombres que no podían encontrar la causa de por qué estaban ahí, no sabían lo que estaban haciendo y dije: tal vez la respuesta se encuentra en el sistema glandular, tal vez esta sea, después de todo, la respuesta material. Me pasé la mayor parte de ese año en la biblioteca médica estudiando el sistema endocrino, tratando de averiguar si este tendría algún resultado, y cada respuesta me remitía al hecho de que el hombre estaba motivado por algo que yo todavía no había identificado.

      Y resumiendo, después de la guerra volví a escribir, pero principalmente para Dianética y su preparación. Y encontré lo que estaba enredando al hombre: estaba enredándose a sí mismo con combinaciones de cuadros de imagen mental. Y si pudieras hacer algo con los cuadros le podrías hacer algo al hombre. Muy interesante. Y entré en ese momento en terreno firme y sin riesgo, en lo que a mí se refería. Estábamos en el sólido campo de la ingeniería. Había energía, los cuadros se podían medir, no eran imaginarios. Descubrí que eran mensurables, y los medí. Tenías tus manos sobre una masa, y podías producir un efecto positivo, y se podía encontrar el origen de las cosas.

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      La Hermitage House me persuadió para que escribiera un libro popular sobre el tema. Y ese libro, Dianética: La ciencia moderna de la salud mental, me produjo una gran vergüenza. Y la vergüenza fue esta: no tenía organización, no tenía finanzas, no tenía nada y de repente el mundo estaba tocando a mi puerta.

Dr. Judah:
      Esta fue la atracción del momento.

LRH:
      Siempre la atracción del momento, eso seguro. Llegaban estudiantes universitarios de todas las partes del país; gente de todo el mundo. Y encontré que presentaban casos que nunca antes había visto. Presentaban dificultades más grandes que las que yo había visto. Y no sabía qué hacer con muchas de estas personas; yo sabía que mi estudio estaba muy lejos de terminar. Quería obtener las respuestas a esto, y escribir algo más sobre esta historia.

      En el otoño de 1951 encontré qué era lo que miraba los cuadros. Aquí teníamos los cuadros de imagen mental y hasta entonces había estado estudiando estos y su comportamiento, que es la reacción, los mecanismos de estímulo-respuesta, con los que la psicología misma estaba familiarizada, pero que nunca analizó. Descubrí qué era lo que miraba los cuadros. Y lo describí. Y descubrí que se podían hacer cosas con ello desde un punto de vista muy práctico, que nadie había hecho antes, y me encontré súbitamente en el campo de la religión; lo quisiera o no, ahí estaba. Muy simple: el alma humana era la persona.

      Esto, en buena medida, vino a trastornar las cosas, porque la mayor parte de las religiones le hablan al hombre de que: “tienes que cuidar tu alma”. Este no era el caso de acuerdo a mis hallazgos. La persona a quien le hablaba era el alma.

      Yo sabía durante cuántos años se puede sentar y meditar un budista, y cuánto tiempo puede trabajar un sacerdote lama para obtener un punto de vista de desapego de las cosas. Y descubrí que en una gran cantidad de personas, alrededor del cincuenta por ciento de la gente con la que me he topado, yo podía lograr este punto de vista desapegado de las cosas en cuestión de minutos. Así es que supe que no estaba viendo un fenómeno raro, o una manifestación psicótica. Encontré que la psiquiatría sabía algo al respecto pero meramente dijeron que era un signo seguro de locura. Pero el hombre tiene su propio espíritu. Y me gustara o no, estaba en medio de la religión.

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Dr. Judah:
      ¿Qué sucedió después?

LRH:
      continué a partir de ahí trabajando para averiguar cuál era el comportamiento de esta cosa llamada espíritu humano. Y sentí que de alguna manera había llegado. Al principio ni siquiera supe que no era un factor de masa. Y no piensen que no tuve que cambiar radicalmente, ya que me había acostumbrado a pensar en términos totalmente científicos y totalmente realistas. Y cuando estuve tratando con algo que no podía sentir, medir o experimentar pero que estaba ahí, con seguridad yo iba a sentir, a medir, a experimentar y a saber la razón del porqué. Y lo hice, en Londres, en 1953, construí un aparato que medía las respuestas de esta cosa cuando estaba exteriorizada del ser; esta cosa.

      Finalmente me satisfizo el hecho de que estaba realmente viendo a la cosa que mira los cuadros; la cosa que experimenta los cuadros; la cosa que motivaba los cuadros. Y me di cuenta de que a menos que se mejorara al hombre espiritualmente, en el más ingenieril de los sentidos, todo lo que podría hacerse era cambiar sus patrones de conducta. Descubrí que se podía mejorar la bondad de un hombre por medio de mejorar al hombre, y que él era más o menos básicamente bueno. Este fue un gran golpe de suerte, por lo que a mí respecta. Cuando liberas a un hombre y lo separas del castigo pasado, encuentras que es bueno. Eso fue algo más bien fabuloso. Así que nos encontramos a la mitad de una ciencia moral y ética, que tiene que ver, ni más ni menos, que con el espíritu humano.[End Text]



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