L. RONALD HUBBARD HABLA DE: EL DESARROLLO DE SU FILOSOFÍA´ (Part 2/3)

Dr. Stillson Judah: D
r. Judah:

     ¿Dónde comenzó el tema de Dianética y Cienciología?

LRH:

      Todo el tema nació de la ingeniería. Ambos temas se extienden de los estudios de ingeniería que hice, además de los estudios que realicé en el Oriente cuando era un muchacho. Desde los dieciséis años hasta cerca de los veintiuno pasé una gran cantidad de tiempo en el Oriente y me familiaricé con varias escuelas orientales. Regresé y mi padre me forzó a tomar ciencias físicas como una religión, lo que me dio unos conocimientos en matemáticas y física. Mi interés básico era el campo de la religión; el budismo, el taoísmo eran fascinantes para mí. Sin embargo, no pensé que fueran muy buenos para la gente, o que posiblemente pudieran contener todas las respuestas, por esta razón: la gente que las practicaba era pobre, con mala salud y con una muy mala relación con el universo físico.

      Así que totalmente por accidente, en 1932, estaba trabajando aquí en el laboratorio de la Universidad George Washington, e intentaba esclarecer la verdadera naturaleza de la poesía. No podía comprender por qué la poesía leída en japonés podía ser obviamente poesía para alguien que hablaba sólo inglés. ¿Por qué la poesía de diversos tipos era poesía, aun cuando se tradujera? ¿Qué era esta desconocida cosa sobre la poesía?

      Así que fui y tomé un fotómetro de Koenig, uno de esos pequeños fotómetros de gas en los que hablas frente a un diafragma y te da las vibraciones vocales. Hice gráficas de la poesía y quise saber cómo respondía la mente a esos sonidos: ¿Por qué respondía la mente a esos sonidos? No podía encontrar ningún fundamento real de: ¿por qué la mente respondía a ciertos sonidos y ritmos y no a otros? ¿Por qué la mente, por ejemplo, diferenciaba entre el ruido y una nota? Y esto no me parecía un tema que se hubiera tratado en mi campo. Y me interesé lo suficiente como para ir al laboratorio de psicología de la Universidad George Washington que en aquel tiempo estaba dirigido por el Dr. Fred Moss, y me dejó de una pieza. Yo no sabía algo; no sabía que no sabíamos.

      Fue una cosa muy extraña para cualquiera que haya recibido una educación en las ciencias de la ingeniería (en donde sabes lo que sabes, cuando lo sabes y cómo lo sabes), recibir un montón de aseveraciones que no aclaraban en nada mi problema. Yo era simplemente un ingeniero que confiaba en que todas las otras ciencias, aun las de las relaciones humanas, se entendieran, y me topé con alguien que no pudo contestar mis preguntas. Y leí todos los libros que pude encontrar aquí en la Biblioteca del Congreso, sobre psicología y la mente. Encontré que estaba mirando un campo que no sabía lo que sabía. Fue algo desconcertante para mí. Y fui entonces hacia diferentes tipos de filosofías. Hice de esto una caza muy positiva y no fue sino hasta 1938 que me convencí totalmente de que no sabíamos.

      No teníamos un principio básico de la existencia. No había un punto de partida para la mente humana, o el estudio del espíritu humano. Ni siquiera sabíamos qué era un espíritu. No teníamos una definición para ello. Decíamos a dónde iba el espíritu y qué le pasaría y cómo sería castigado, pero nunca dijimos qué era, ¿cuál era su relación?

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      Estas preguntas pudieron tal vez haber sido respondidas en algún campo, en algún lugar, en un momento dado, pero simplemente, no podía encontrar las respuestas. Ya sea que fueran Nietzsche o Schopenhauer, Kant o cualquier otro de ellos. Todos estos hombres andaban a tientas. Así que me dije: aquí hay un campo totalmente abierto.

      Obtuve las peores calificaciones del mundo en la universidad debido a que estaba interesado en cualquier otra cosa excepto en mi materia. Entre mi salida de la universidad y 1938, tuvimos una depresión. Cualquier trabajo que me había sido ofrecido había desaparecido para cuando salí de ella. Y utilicé mis estudios de ingeniería en el campo de escribir ciencia ficción; lo hice muy bien. Hice toda una carrera como escritor de éxito antes de la Segunda Guerra Mundial. Estuve en Hollywood, hice tres expediciones para estudiar a los pueblos primitivos y salvajes, y averiguar qué pensaban acerca de las cosas, y las pagué con mis escritos. Y me fue muy bien como escritor; fui presidente de la American Fiction Guild y demás. Pero durante todo este tiempo, todo lo que estuve haciendo realmente fue tratar de pagarme la comida y mi camino y pagar mi investigación y llegar finalmente a un punto donde tuviera alguna pista.

      En 1938 decidí completamente que nadie había declarado, ni Darwin, ni nadie más en el campo de la evolución, el principio básico de la existencia. Y dije entonces, para bien o para mal: voy a tener que formular uno para poder lanzar cualquier tipo de investigación posterior, porque todo lo que había hecho era observar signos de interrogación. Y lo hice.

      La obra básica que escribí nunca fue publicada. Escribí una obra de 125.000 palabras y nunca ha visto la luz del día.


L. Ronald Hubbard habla de: el desarrollo de su filosofía´ continuación...



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