A Note On Excalibur

M
ucho antes del advenimiento de Dianética o de Scientology, todos los que estaban familiarizados con L. Ronald Hubbard habían llegado a esperar que al final haría una entrada extraordinaria en el campo filosófico. Esa entrada, ampliamente concebida durante el curso de una extraordinaria semana a principios de 1938, se recuerda hoy en día como Excálibur. En los términos más simples, el trabajo se puede describir como una primera declaración filosófica. Anteriormente (y como lo veremos en artículos posteriores) él había viajado a lugares lejanos y establecido mucho en lo referente a una base filosófica. Sin embargo, aquí, a la edad de veintiséis años, vino su primer resumen formal “para alinear mis propias ideas”, como él modestamente lo denominó, “para mi propio beneficio particular”. Sin embargo, dado todo lo que el manuscrito inspiró con el tiempo –dos copias fueron robadas por agentes de servicios de espionaje extranjeros, quienes quisieron apropiarse de esas ideas con fines políticos, y solamente quedaron secciones de ellas– esa descripción a duras penas parece suficiente.

      La esencia de Excálibur es la reveladora afirmación de Ronald de que el único factor común de la existencia es sobrevive. Que todas las formas de vida están intentando sobrevivir, es, por supuesto, un dato conocido. Pero que la vida está solamente intentando sobrevivir... Esto era nuevo. Además, cómo él interpretó el dato, fue algo nuevo; es decir, un “patrón finito”, como lo denomina en alguna otra parte, con el que se podrían coordinar campos completos de conocimiento. Todos los que están familiarizados con las obras de Herbert Spencer (Ronald mismo aparentemente se abrió camino leyendo a través de al menos los diez tomos principales de La filosofía sintética) pueden reconocer este concepto:

      “El campo y función propios de la filosofía se encuentran en la recapitulación y unificación de los resultados de la ciencia. El conocimiento de la más baja clase es conocimiento no unificado; la ciencia es conocimiento parcialmente unificado; la filosofía es conocimiento completamente unificado. Esa unificación completa requiere de un principio amplio y universal que incluya toda experiencia y describa las características esenciales de todo conocimiento. ¿Hay una característica de esta naturaleza?”.

      A lo cual, por supuesto, Excálibur responde de manera inequívoca con ¡Sobrevive!

      Cómo llegó Ronald en realidad a “Sobrevive”, es una historia en muy buena medida monumental, pero en especial abarca una secuencia fundamental de experimentos citológicos en 1937, en los que logró demostrar una reacción a las sustancias tóxicas, heredada a nivel celular. Es decir, habiendo cultivado una variedad de células bacterianas, el cultivo fue expuesto a chorros de vapor que no hicieron ningún efecto en las células. Luego, aplicando chorros de humo inherentemente tóxico de cigarrillos, observó el cultivo con mirada penetrante, tanto reaccionando como retirándose de la amenaza. Después de continuar “provocándolo” con humo, sustituyó este por vapor para observar a las células que ahora tomaban al vapor por algo tóxico y se retiraban de manera similar. Finalmente, cultivando una segunda y tercera generación de células, a partir de la primera, descubrió que cuando a estas generaciones posteriores se les exponía al vapor, igualmente tomaban al vapor por humo tóxico, y se retiraban a favor de la supervivencia.

      Aunque el punto parezca sólo teórico, no lo es; ya que de acuerdo a la teoría de Darwin y, por ende, al fundamento de todo el pensamiento biológico y acerca de la conducta, las reacciones aprendidas no se pueden heredar.

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      Más bien, se dice que toda la vida está dirigida por la casualidad, como si se tratara de un tirar los dados de la genética abúlicamente, por así decirlo. De esta forma, por ejemplo, el pájaro ancestral desarrolló alas solamente como una función bioquímica y no de acuerdo a algún ímpetu inherente hacia la supervivencia. Sin embargo, en el momento en que nosotros introducimos la supervivencia como un impulso omnipresente, que se transmite de una célula a otra, estamos introduciendo una inteligencia por detrás del plan general de la vida: un “Factor-X” como Ronald inicialmente lo denominó, que da forma y significado a la vida en maneras que Darwin simplemente no pudo explicar. En relación a aquellas primeras semanas de 1938 y al borrador de su manuscrito, Ronald diría poco más sobre este Factor-X. Pero al considerar el mensaje central de Excálibur, no pudo evitar preguntarse quién o qué dio primero esa única orden resonante de: ¡Sobrevive!

      Huelga decir que el ámbito de Excálibur es inmenso y propone, no solamente los medios de colocar toda la vida (ya sea humana o celular) en un marco exacto de supervivencia, sino un método de resolver cualquier problema relacionado con la existencia. O como Ronald mismo lo explica: “El designio de este libro es indicar la verdadera perspectiva de la vida del hombre”. El hecho de que Excálibur, sin embargo, no ofreciera también una terapia funcional, fue la razón principal de que Ronald finalmente eligiera no publicar el manuscrito. Es decir, si la totalidad de su búsqueda se pudiera definir desde el punto de vista de una convicción de que la filosofía debe ser funcional y se debe poder aplicar, entonces Excálibur se podría considerar únicamente como un eslabón de la cadena. Sin embargo, con el desarrollo subsiguiente de Dianética, todo lo que es básicamente Excálibur se dio a conocer y, de hecho, puede encontrarse en Dianética: La ciencia moderna de la salud mental, y Las dinámicas de la vida.

      Aquí se presentan las primeras páginas de Excálibur. Como información adicional, podría mencionarse que todos los hechos aquí mencionados tuvieron lugar en la cabaña de Ronald en Port Orchard, Washington, excepto, por supuesto, la nota introductoria de Ronald acerca de su operación casi fatal en la oficina dental del Dr. Elbert E. Cone en Bremerton, Washington...


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